Dos historias paralelas

Relato de Gregorio, alumno del curso Relato I

Dorotea madrugó para coger el autobús que le llevaría a la capital a visitar a su marido, preso en la cárcel provincial. Estaba a tres horas de viaje.

Nicolasa se puso su vestido negro para ir a visitar la tumba de su hijo, asesinado hace unos meses en una reyerta que ella no acertaba  a comprender. Vivía en un pueblo cercano a la capital y siempre iba a todos sitios andando, salvo cuando alguien la llevaba en coche.

         Era un lunes de marzo en el que el viento azuzaba sus mejillas, aunque a Tea, mujer ruda, parecía hecha de fina vara de roble, no le importaba que hiciera frío o calor. Quería ir a ver a su marido como lo venía haciendo desde que fuera arrestado y conducido a prisión, esperando un juicio con jurado popular. Aunque había sido mujer alegre y dicharachera, cuando le ocurrió a su esposo  ese desdichado incidente, su rostro cambió por completo, ahora se había convertido en una mujer triste, de mirada perdida ya que su marido lo era todo para ella. Se habían casado muy jóvenes y, tras quince años de matrimonio no se acostumbraba a vivir sin su presencia.

Estaba acostumbrada, además,  a trabajar duro, ya que la sierra, lugar donde vivían, no le permitía parar un solo momento de descanso y los recursos no daban para más. A veces, su cónyuge tenía que permanecer varios días allá al otro lado de la montaña sin poder regresar; ella lo esperaba impaciente y daba gracias a Dios por tenerlo a su lado.

Hoy, Nicolasa  se levantó  como todos los demás lunes para ir a ver a su hijo. Lamentó su muerte, una y mil veces maldijo aquella noche del quince de enero en el que salió de su casa para no regresar vivo.

         Llevaba un pañuelo negro en la cabeza, nunca se lo quitaba, ni siquiera en el interior del autobús. Era la única pasajera en ese momento. Tea continuaba con la mirada triste, perdida, su rostro había envejecido desde que a su marido lo encarcelaron. Para ella era un buen hombre que tuvo que haberse vuelto loco para haber matado a otro en aquella fatídica noche,

         El autobús paró en el primer pueblo a recoger nuevos pasajeros, en esa ocasión sólo dos personas se subieron. Apenas lo habían hecho, emprendió su marcha. Una lágrima recorrió la cara de Tea, al tiempo que movía la cabeza de un lado para otro sin comprender el porqué de aquella pesadilla.

         Nicolasa se encontró ante la tumba de su hijo. Cerró los ojos y lamentaba su pérdida. No tenía ánimo ni tan siquiera para hablar con él. Sacó un pañuelo y se limpió la nariz, no podía evitar que los recuerdos sobre él afloraran, al tiempo que lloraba con intensidad. Una gran melancolía se apoderaba de ella y no dejaba de preguntarse ¿por qué a él?, repitiéndolo centenares de veces.

         Cuando llevaba una hora de camino, el autobús hizo una parada de diez minutos para que los viajeros tomaran algo, Tea seguía con la mirada perdida.

—Señora, vamos a parar durante diez minutos —le dijo el conductor tocándole el hombro.

—No, gracias, no voy a bajar —le contestó Tea, con voz apagada.

A los diez minutos el autobús reemprendió su marcha.

Nicolasa sacó  un pañuelo para enjugarse sus lágrimas, no podía  dejar de llorar ante la tumba de su hijo.

Finalmente el autobús llegó a la capital y Tea se dirigió a la prisión a ver a su marido.

El encuentro entre el marido y la mujer se produjo a la una de la tarde, ya que ella no pudo llegar antes.

—El juicio será el próximo jueves —afirmó el marido.

         —El próximo jueves —repitió la mujer con mirada caída y sin poder articular palabra.

Ella regresó al pueblo.

Tea, como siempre, cogió el autobús camino de la capital para poder estar presente ese jueves en el juicio de su marido. Como de costumbre se sentó en la primera fila. La misma monotonía que otras veces. Al llegar al último pueblo antes de la capital, una pasajera subió al autocar, era la madre del asesinado que también iba al juicio. Las dos mujeres  entrecruzaron sus miradas, aunque no se conocían. Nicolasa pasó de largo y se situó al final del autobús ya que no quedaban asientos vacíos.

Al llegar a la ciudad, Tea fue la primera en bajarse. Nicolasa tuvo que esperar su turno para hacerlo.

Tea fue andando hasta el Tribunal, llegó algo cansada ya que estaba a más de dos kilómetros de la parada de autobuses.

Nicolasa, en esta ocasión tomó un taxi, quería estar con tiempo suficiente y no quería darse una paliza andando hasta el lugar.

Cuando Tea llegó Nicolasa ya había tomado asiento; entonces comprendió que quizá fuese la madre del asesinado. De nuevo se cruzaron las miradas, pero esta vez se sostuvieron durante más tiempo. Ambas supieron quién era la otra. Las dos entendieron lo terrible que era esa situación, aunque no quedaba más remedio que esperar a los acontecimientos del juicio.

El juicio duró varios días y Tea tuvo que buscarse una pensión barata para pasar las noches. Cuando terminaban las sesiones las dos mujeres no podían por menos de entrecruzar sus miradas, silenciosas pero delatadoras.

Tea, repetía todos los días la misma ropa ya que no había traído recambio. Por el contrario, Nicolasa venía impecable, perfectamente aseada y cambiada.

         Tea escuchaba cómo el fiscal acusaba a su marido, cada frase era como si la apuñalasen, veía que su esposo se pasaría mucho tiempo en la cárcel. Una lágrima apareció en su mejilla y la dejó correr hasta impactar con el suelo.

         Nicolasa asentía con la cabeza cada vez que el fiscal lo acusaba, su mirada permanecía fija en el  presunto asesino de su hijo, aunque para ella de presunto nada, era la persona que lo mató y, tenía por tanto que cumplir sentencia. En su cabeza se repetían las acusaciones, y, al igual que Tea, una lágrima apareció en su mejilla, que pronto secó con su pañuelo.

Las dos mujeres tenían los ojos lacrimosos, sus miradas estaban perdidas, sin brillo y, aunque de vez en cuando giraban sus cabezas para verse, no podían evitar el inmenso dolor que tenían. La madre, por haber perdido a su hijo; la mujer, porque quizá tardaría mucho tiempo en poder estar con su marido.

Cada mañana se repetía lo mismo, las dos mujeres acudían al juicio. El fiscal lo tenía cada vez más claro; el abogado defensor no tenía argumentos con los que apoyar a su defendido.

Después de una semana de juicio, todo parecía que estaba listo para sentencia. De pronto, el ayudante del abogado defensor se le acercó y le cuchicheó algo al oído. Pidió un receso en la vista ya que tenía nuevas pruebas.

         El abogado defensor y su ayudante vieron un vídeo en el que se demostraba que, aunque había estado presente, simplemente pasaba por allí, pero no había tenido nada que ver en el asesinato del que se le acusaba. Se vio cómo un hombre de más de dos metros, de camisa roja y pantalón azul había sido el asesino, le había dado dos  puñaladas y después le entregó  el cuchillo que, inocentemente cogió y fue pillado con él en la mano cuando llegó la policía.

         Cuando el fiscal retiró las pruebas contra el acusado, Tea dio un grito de rabia, su cara cambio de semblante y fue rápidamente a abrazar a su marido, cerró los ojos y lloró de inmensa alegría.

Nicolasa  miró a la pareja y también lloró, ya no sabía cómo contener su pena, cerró sus ojos y dio varios golpes con el puño cerrado contra su pecho.

Tea, se acercó a Nicolasa y le dijo que sentía lo de su hijo pero, como podía ver, su marido nada había tenido que ver. Ambas mujeres se abrazaron.

Anuncios

Un pensamiento en “Dos historias paralelas

  1. Hola, Gregorio,
    Tienes un buen tema entre manos, dos historias paralelas que a la final deben acabar cruzándose inevitablemente. Sin embargo, y por favor, espero que recibas a bien estas observaciones porque te las hago con la mejor de mis intenciones:

    – Sugiero redactar o presentar el paralelismo de otra manera porque, como lectora, me confundió. Me explico: En la primera lectura que realicé del texto, en más de una ocasión tuve que ubicarme frente a cuál personaje estaba, buscando referencia al principio del relato. Ahora bien, si esa es la intención de tu relato, obvia esta sugerencia.

    – Estaba acostumbrada, además, a trabajar duro, ya que la sierra, lugar donde vivían, no le permitía parar un solo momento de descanso y… (sugiero revisar la redacción, tal vez sea más propio, por ejemplo: un solo momento para descansar)

    – Hoy, Nicolasa se levantó como todos los demás lunes para ir a ver a su hijo. Lamentó su muerte, una y mil veces maldijo aquella noche del quince de enero en =el= (creo que es la, porque se refiere a la noche) que salió de su casa para no regresar vivo.

    – El encuentro entre el marido y la mujer se produjo a la una de la tarde, ya que ella no pudo llegar antes. (me pregunto: ¿es importante la hora para el resto del relato?)

    – Nicolasa, en esta ocasión tomó un taxi, quería estar con tiempo suficiente (sugiero redactar de otra manera, porque pareciera estar incompleto: …con tiempo suficiente para… ¿para qué tenía que ser suficiente? -Espero haberme explicado la intención de la observación-) y no quería darse una paliza andando hasta el lugar.

    – Cuando Tea llegó Nicolasa ya había tomado asiento; entonces comprendió que quizá fuese la madre del asesinado. De nuevo se cruzaron las miradas, pero esta vez =se= (la) sostuvieron durante más tiempo.

    – Nicolasa miró a la pareja y también lloró, ya no sabía cómo contener su pena, cerró sus ojos y dio varios golpes con el puño cerrado (tal vez exista aquí una redundancia porque un puño siempre está cerrado) contra su pecho.

    Un saludo, Gregorio, y fue un placer el leerte, Susy (socia)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s