Qué será un taller literario…

Eso fue lo que me pregunté la primera vez que lo vi en internet, varios años atrás. Era un Taller Literario que Invitaba a participar sin compromisos, enviando relatos propios y comentando los escritos realizados por los demás talleristas. Una de las condiciones era contestar a una interrogante: ¿Por qué?

-Me gusta escribir, fue lo que contesté.

Dos días después estaba apuntada y con un gran reto por cumplir: Escribir un relato corto, de tema libre. Confieso que puse lo mejor de mí en esas dos páginas en Word. Cuando lo acabé me dije: ¡Guao, que bueno te salió!  Días después fue cuando tuve el valor de enviarlo. Sí, hay que ser valiente para someter a juicio ajeno un escrito propio, pero más pudo mi deseo interior de que otros me leyeran, alguien que no me brindara su condescendiente y subjetiva opinión, es decir, la de un familiar o la del amigo de toda la vida.

A los pocos días comenzaron a llover los comentarios… con rayos y truenos incluidos. Todos me indicaban algo en común: ¡que no era un relato lo que había escrito! Unos me sugerían leer más sobre escritura, y a modo de saludo de despedida me invitaban a continuar intentándolo.

¡Qué gran decepción! A mí me gustaba escribir pero… Cuando recompuse los añicos de mi orgullo, busqué información (advierto que para ese entonces en Internet no existía tantas páginas web sobre escritura como hoy día) y me enteré de tantas cosas… algunas tan sencillas como aquella de que un relato debe cumplir con ciertas pautas para ser considerado como tal.

Y para no seguir fastidiándoles con esta lectura, les cuento que varios escritos después continuaban alentándome a seguir escribiendo, y entre relato y relato también aprendí a comentar los cuentos de mis compañeros de Taller…

Al principio, mis comentarios no pasaban de dos líneas: me gustó mucho, me atrapó la historia, me quedé con las ganas de seguir leyéndote. No me atrevía a más porque pensaba que todos ellos sabían más que yo. Pero cuál fue mi sorpresa cuando un tallerista comentó: recuerden que en este Taller no hay ni profesores ni alumnos, todos somos aprendices, algunos con más recorrido y otros recién estrenados… Y entonces me dediqué a comentar, corregir, sugerir. A veces metía la gamba completa, pero allí estaban los demás talleristas pendientes de a su vez corregir mi sugerencia. ¡Esto es aprender, sin lugar a dudas! Con la RAE por un lado y los compañeros del Taller por el otro, ¡qué más podía pedir!

Pero no siempre lo que bien empieza acaba bien… La participación en el Taller fue menguando. Algunos, tal vez, leían los relatos pero no los comentaban. Otros simplemente se dedicaban a comentar pero no enviaban material nuevo. Luego unos pocos se ausentaron por motivos personales, otros se fueron sin despedirse, y quedamos dos, a la espera… y el Taller desapareció, y yo me quedé con mis letras, a solas, sin que nadie leyera mis cuentos…, sin ningún comentario ¡Hasta hoy!…, si es que deciden aceptarme en este nuevo Taller Literario Palabras Cruzadas.

Gracias y quedo a la espera de una respuesta positiva de vuestra parte.  

Relato enviado por una socia que prefiere quedarse, de momento, en el anonimato. Tendremos que animarla con nuestros comentarios, así la próxima vez nos dirá su nombre.

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