Relato de María Rubiera

—No quiero pecar de orgullosa, Monterrosa, pero la idea es mía —comentó la detective Capelle mientras le miraba.

El inspector Monterrosa no quitaba nunca su sonrisa, ni su atuendo de bohemio, sin bien sus compañeros sabían que debajo de esa apariencia vivía un hombre de ideas y convicciones rectas, demasiado para algunos.

 Giró su rostro hacia la detective y le espetó:

—Me parece bien su orgullo si va acompañado de aptitudes y esfuerzo, no solo de supuestos con mayor o menor «chance». Ahora demuestre su idea, ese es su trabajo.

La detective dio media vuelta y se fue sin responder. No había hecho una mera propaganda de sí misma, sabía que era así y lo probaría, aunque necesitase un exceso de celo en todo el recorrido hasta lograr su objetivo. Esta vez iba a llegar hasta el final para que el recelo de Monterrosa se quebrara al igual que su exacerbado orgullo.

RELATO DE MARÍA RUBIERA PARA LA PROPUESTA DE MAYO

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