Concurso Halloween de microrrelato

Concurso Halloween de microrrelato

Este año queremos celebrar el día de Todos los Santos (o Halloween) con vosotros y, para ello, os proponemos un concurso.

¿Cómo concursar? Muy sencillo, aquí os comentamos la dinámica del concurso en 4 pasos:

Puede participar cualquier persona mayor de 16 años.

Extensión máxima 200 palabras.

Tema: Halloween (miedo, terror…)

  1. Sube tu microrrelato como comentario en este post. El plazo finaliza el día 18 (a las 12:00 horas peninsular).
  2. Después podréis leer todos los relatos en un post, numerados por riguroso orden de llegada (día y hora en el que fueron subidos por el autor/a).
  3. Cada lector votará los tres microrrelatos que le han parecido mejores, indicando el número de cada uno. Desde el día 21 al 27 (ambos inclusive) podréis votar los relatos.
  4. El día 30 daremos a conocer los ganadores: serán los tres relatos con mayor número de votos.

 El premio consistirá en un trofeo virtual, un diploma (se enviará por email) y un descuento del 20 % en un curso, valoración o corrección de texto.

Los 3 relatos ganadores se darán a conocer en la web, blog y redes sociales de AENoveles.

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7 pensamientos en “Concurso Halloween de microrrelato

  1. Pingback: ¿Celebramos juntos Haloween? | Blog literario para escritores y lectores con herramientas, consejos, concursos, guías, libros, y noticias sobre la actualidad literaria

  2. Pingback: Trofeo para los ganadores…. | Palabras cruzadas

  3. LA NOCHE PERFECTA
    La bolsa pesaba, pero al chico no le importaba. ¡Era Halloween! Y como cada año, la noche más divertida para él. Hacía frío, y él, con su máscara de rasgos retorcidos como disfraz, tiritaba bajo el abrigo rojo. Sin embargo, tiritaba por los nervios.
    Sus ojos divisaron la Mansión, negra y terrorífica, aquella de la que se decía que vivía una bruja que, como no, se comía a los niños. Pero él solo había visto a una joven entrar y salir todos los días.
    Llamó al timbre, y al rato se abrió la puerta. El rostro de una mujer mayor le sorprendió. Abrió la bolsa al tiempo que decía «Truco o Trato», y la volvió a cerrar cuando la bruja le dijo que había olvidado preparar los caramelos. Luego, la bruja posó una mano en su hombro y le obligó a entrar. «Hace mucho frío», le dijo. ¿Sería una bruja de verdad? ¡Chorradas!
    Cuando se quedó solo, introdujo la mano en la bolsa y sacó el cuchillo.
    Era la hora de calmar sus prematuras ansias de matar. ¡Era Halloween! Y como cada año, la noche más divertida para él. La noche perfecta en la que cualquier cosa extraña podía pasar.

    Ricardo Zamorano

  4. El disfraz

    Comenzó a poner el disfraz disfrutando con cada uno de sus movimientos, este año la sorprendería. Dejó la máscara, su mejor trabajo, para el final. Salió a la calle luciendo su “obra” maestra. Cuando cruzó la esquina y llamó a su puerta…
    Sandra dejó las galletas en el horno y se fue a abrir. Sabía que los chicos vendrían pronto, pero aquello ya era demasiado, ¡ni siquiera eran las siete!
    Abrió dispuesta a reñirles cuando se encontró con… aquella careta repugnante.
    —¿Pero qué diablos te has puesto? No sé si así conseguirás que te den muchos dulces, la verdad.
    No estaba preparado para aquello. ¿Cómo se atrevía a despreciar su trabajo? Él pensaba que ella, precisamente ella, sabría apreciar su trabajo.
    —¿Acaso no te gusta?
    Sandra no supo quién hablaba bajo aquella máscara y estaba preocupada por las galletas, no podía perder el tiempo en acertijos.
    —¡Dios!, se me quemarán las galletas. Espera a que vaya a sacarlas del horno.
    No le vio la cara, solo escuchó… ¡Me mintió! ¡Me dijo que la idea era buena! ¡Me mintió!, mientras sentía como el cuchillo entraba una y otra vez.

  5. HALLOWEEN

    El sueño descansaba en la ribera donde duermen los sueños. Luces, sombras y colores se imbricaban, buscando un lugar donde vivir en la imaginación dormida. Por un instante, el sueño corrió veloz entre eones repletos de vibrantes recuerdos. Era un sueño antiguo.

    La madeja de sensaciones menudeaba sobre las cosas pasadas y futuras, y se llenaba de anhelos, encumbrados en la cresta de su conciencia desbordante. Porque el sueño podía soñar, con toda la experiencia acumulada en centurias plagadas de aventura.

    El sueño despertó, en medio de una luz sincera, irradiada por sus ojos y su boca sonriente. «Truco o trato», fueron las palabras mágicas que le hicieron revivir. Una brisa lozana lo acarició mientras se balanceaba en la mano de una inquieta niña. Y rememoró a otros niños que jugaban en su recuerdo, entre frondas plagadas de risas, o correteando entre calles, jardines y dinteles.

    Siempre despertaba por un corto período, y se solazaba con las idas y venidas, las pinturas y recortes, y las comidas y disfraces de los tiempos más recientes, pues era viejo, y comenzó a caminar en el umbral de los tiempos, ya entre celtas y romanos.

    Halloween era ahora su nombre.

  6. Lobo
    El monstruo que ahora vive en mi está hambriento. Maldita sea. Ya poco recuerdo de lo que fue mi vida. A veces, entre mis tinieblas, asoma el vago recuerdo de mejillas rollizas, sonrientes, tal vez sean las de mis hijos. No lo sé.
    La veo venir. La luna la alumbra. Es mujer. Trota. La espero. Avanza hacia los pinos, hacia mí. No me ve. Ni siquiera llega a oír mis jadeos. Trae cordones que le salen de las orejas. Mejor así. Está a diez pasos, ocho, seis, cuatro, dos ¡Zas! Me basta un zarpazo a su cuello. Mi presa cae al suelo, en silencio. El olor de su sangre aún caliente me excita. Miro a mi alrededor. Solo estamos ella y yo. Fiero, remato arrancando su cabeza. Sangre y carne, carne y sangre llenan mis entrañas en una desaforada carrera contra el tiempo, el tiempo de ser descubierto, el tiempo de que nadie más que yo la devore. Oigo ruido a lo lejos. Alguien viene corriendo. Arrastro mi presa, los dos no cabemos debajo del pino. Ya está más cerca, lo huelo venir. Es un hombre. Tres… Ve el brillo de la sangre. Dos…Me mira. Uno… Lo miro. ¡Zas!

  7. sueño

    No. No puedo. Quiero. No quiero. No puedo. Respira. La oscuridad lo inunda todo. El aire no me deja respirar. Abro la boca buscando el poco oxígeno que me mantiene viva y mareada. Por favor. Suplico. Mis manos agarrando mi cuello. Apretándolo. Por favor. Una fuerza superior a mí que me fuerza a morir. Mi última bocanada de aire. solo me hundo en el abismo más negro del vacío. Ayúdame.

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